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Mostrando las entradas con la etiqueta literario

El tablero de dibujo

I: TREINTA Y CINCO PESOS Treinta y cinco pesos me salió el tablero de dibujo para cursar Representación de Sistemas. Había estado averiguando precios de los nuevos, y de alguna forma llegué a consultarle al Gringo, Alejandro Castellanos. Corría el año 2005. No hacía tanto el gringo era bajista de Funky Monks, banda a la cual yo seguía como si realmente fuesen los Red Hot Chili Peppers. Y qué bueno que haya sido así, porque haber conocido al gringo y al ruso, -sobre todo al ruso, al que ya me referiré en otros pasajes- me contribuyeron en la vida de una manera extraordinaria. No recuerdo con detalle cómo fue que le pregunté al Gringo si sabía de alguien que vendiera un tablero de dibujo. En ese entonces no había redes sociales ni smartphones. La gente se visitaba en sus casas a veces sin aviso, y si querías comprar algo usado preguntabas entre conocidos, buscabas en los clasificados del diario, o en pegatinas en los negocios. Dio la casualidad que Alejandro tenía su tablero de dibuj...

Hoy nací

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La fuga. Episodio 2 Soñé que me levantaba de la cama pisando sobre nubes. La casa petrificada y muy en silencio.  Yo era la única cosa viva en ese ambiente. Tras recorrer el pequeño pasillo que va desde mi habitación hasta el depósito que había en la esquiba, la ví: Apoyada contra el borde de una mesa, reluciente, impecable, mi bicicleta nueva esperando a que me subiera.  Extrañamente es marca Vairo, y la que yo pienso comprar es Zenith. Ahí recuerdo que el sueño anterior a éste tenía imágenes de hospitales, de una doctora encantadora a la que le hacía chistes sobre mi nariz, de mis padres al borde de la cama. Justo cuando empezaba a parecer una pesadilla, los estímulos afuera hicieron derrumbar la sensación onírica. Esto no es un sueño. La imagen en el espejo, de ese Ismael con la boca hinchada, la nariz cosida, con el codo y la rodilla derechos lastimados, la pera y la frente magulladas, son la pura realidad. Algo pasó. Apenas recuperé del todo la conciencia, mamá em...

Puertas de la percepción

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Rumbo a lo de Carlos a rendirle las cobranzas, a las 19.30hrs por calle Domingo Silva. Esta calle, desde que abrieron el paso a Facundo Zuviría, sumó mucho tráfico, y aún así los autos siguen estacionando en ambos lados de la calle. Esperé el semáforo y atravesé la avenida pensando en cómo el espacio de estacionamiento le quita cada día más lugar al espacio de circulación, en cómo resolverlo. Como si estuviera en mí resolverlo. En la noche apenas caída, en la bocacalle de 9 de julio, una puerta a la par mío me atropelló. Invoqué a grito limpio la cavidad genital progenitora del autor de esa apertura, mientras daba una vuelta por el asfalto, en una caída perfecta. Me levanté y miré mi integridad y mis involuntarios agresores, antes que a mi bicicleta. -¿Estoy bien? les pregunté a mis compañeros de siniestro vial, mientras hacía movimientos danzantes comprobando que mis articulaciones funcionaran todas sin dolor. La pareja de cincuentones que salió en actitud de espanto, evidentem...

Diez años de ciclismo urbano

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Cuando mi abuelo,  a mediados del año 2004, me trajo del galpón la bicicleta, me preguntó para qué quería esa porquería. No me acuerdo qué le respondí. Yo iba a la escuela y era el único de mi grupo que andaba 'de a pie'. Creo que fue eso, o haberme cansado de caminar por las demoras del colectivo, lo que me llevó a pensar en la bicicleta como solución a mis traslados. En agosto del 2008, Aurorita llegaba a la punta del Dique 2 del Puerto de Santa Fe. Estábamos haciendo el ciclo de ExtraTV, todos los miércoles. Mi entusiasmo de ciclista urbano ya estaba afianzado. Después de haberla descubierto de la manta de polvillo, sacado las telarañas de entre los radios, -y aceitado, me imagino- la llevaba todos los días a la escuela. Me acuerdo cómo me temblaban las piernas por el esfuerzo al llegar en la primera semana. Ataba la bicicleta en un patio trasero, tomaba agua y por si acaso, me rociaba un poco de desodorante. La frecuencia de uso y la capacidad física aumentaron rápidamente...

'Usá el teorema del seno'

01 Veía la mitad del grandísimo Aula 4 desde su interior. Sentado contra las ventanas orientales, de frente a la lejanísima pizarra. Con mis lentes, mi chomba a rayas blancas y grises, mi jean de botamangas deshilachadas. Era la tardecita del lunes. 12/03/2012, feché la hoja. Esta segunda instancia del examen de matemáticas resultó sorpresivamente teórica, por lo que el cambio de enfoque me descolocó y al momento de hacer lo que ya había estudiado, no pude encontrar recursos. La chica que tenía a mi lado me vio largamente estancado y al levantarse para entregar su hoja, supo de alguna forma qué me faltaba. "Usá el teorema del seno" me dijo. Claro, tenía los datos del ángulo opuesto y el largo de la hipotenusa, una pavada. Yo estaba buscando una forma más complicada de resolverlo. Esa chica me salvó el examen, en el que ya estaba insistiendo por tercera vez. Creo que fue ella -y aquí el primer hueco en mi memoria- quien se quedó conversando conmigo mientras esperábamos los res...

Las empanadas en Japón

Usted sabe, la empanada es un artículo de importación que produce una inclinación en la balanza de pagos cercana al derrame. La empanada es, además de la primer industria nacional de la que se tiene cuenta, una industria que se sustenta desde su comienzo y sus materias primas perímetro adentro. Se está vendiendo muchísimo en el Japón: vinieron algunos miembros de la policía japonesa y los llevaron a comer empanadas. Les explicaron de qué se trataba, pero el Jefe de Policía creyó -vio cómo es uno cuando desconoce un idioma; empieza a suponer todo- que las empanadas eran bombas para disolver manifestaciones. Se llevó un montón, e inmediatamente la policía japonesa empezó a utilizarla en los partidos de fútbol. Cada vez que alguien gritaba un gol -mitad para probar la eficacia de las empanadas- le arrojaban empanadas calientes, a favor de la forma y a favor del vapor que suele salir de la empanada cuando se rompe. Ahora qué pasa: la tribuna también creyó que eran bombas disuasivas, y se d...

Intermediarios, esos grandes enemigos.

Entender a alguien es difícil. A veces porque no usa las palabras justas, o se explica con aproximaciones, usa palabras o comparaciones que no vienen al caso, equivoca su entonación; o se preste a reinterpretaciones, recortes o decodificaciones erradas; ello puede convertir el mensaje en otra cosa. Tremenda tarea entender a la perfección un mensaje, parece en principio, una enorme casualidad el 'copiarlo' tal cual se emite. Esta problemática puede ser peor: se llama medios de comunicación. El problema del entendimiento se multiplica con este protagonista en el medio. Los intermediarios de la información la facilitan, pero al costo de contaminarla con su propio discurso. El copy/paste, si en algún momento existió,  ya no lo hace, y ha mutado en 'resumen de medios': no otra cosa que un nuevo discurso desde los anteriores. Se podría suponer que en estos tiempos el problema se resuelve de la mano de las nuevas tecnologías, que brindan la posibilidad de hacer todo tipo ...

Fumadores y los hábitos nocivos.

Debe haber una razón más profunda que el alojamiento de la nicotina en una parte del cerebro para que el tabaco industrial se sostenga con tanto éxito en el tiempo. Lo digo porque las campañas gráficas de concientización no hacen ningún efecto, y porque he sido testigo de personas que dejaron de fumar, que lo hicieron por razones prácticas o ideológicas. Ariel, de estirpe nacionalista, que tuvo el orgullo de dejar el tabaco para quitar su granito de arena a las tabacaleras multinacionales que engordan su caldo a costas de sus manchas pulmonares. Lo dejó por razones políticas. También conozco el caso de Fabio, que conocí por haberse sumado él al grupo de cicloturismo, y que a la semana dejó el tabaco para tal vez cambiarse a un hábito difundido como más saludable, aunque eso pueda discutirse. El centro de la cuestión es que Fabio ahora pedalea con los pulmones más holgados, por razones prácticas. Más próximo en el tiempo retomé contacto con el Ruso, a quien yo tengo asociado mental...

Es II

Mis manos, mis pedaleos, mi lectura, mi ventana, son mis manos, mis pedaleos, mi lectura, mi ventana. Los perros, esos compañeros omnipresentes del cicloturista. La mesa de luz ya no está en la pieza. Los recuerdos se entibiaron. Pucho, el peluche, descansa atado con precintos en el respaldo de la cama... Inerte. Ya Juan Tata Cedrón hace sus melodías y me regocijo, pero son melodías, y no sus ojos de almendra. El puerto se me hizo lucha, asco inmobiliario, burgués repelente shoppinero, pero no es ni los mates con ella, ni su pelo rizado ni sus mejillas rosadas. Es puerto -es decir, shopping. Tengo mi silencio, y es mío; mi libertad, mi trabajo, mi diario trajinar Mi conciencia -salvaje conciencia. Los nuevos puertos miradas calles cafés ventanas lámparas árboles libros; la llevaron. No hay siquiera trizas: la esfumaron, desapareció. Aquellas lágrimas, letras, latidos, sinapsis, aquel tiempo. es nada. ____ Elisma: 27 de mayo 2013 dando continuidad a http://lo...

Invención del aire acondicionado

-'Es un infierno afuera' escuché decir a una señora mientras esperaba ser atendida en la cola del banco.  El verano en el infierno dura doce meses al año. Las hogueras no paran de arder y nunca terminan de quemar a nadie. Sofocan la atmósfera que ya cerca del magma del centro geológico, dispone de una presión altísima y tremendamente hostil. Ya se sabe que los condenados a pasar el tiempo ahí, lo están por varias eternidades. Quien diseñó el antiparaíso lo hizo para que el tormento sea pleno y constante. Desde su principio, el ambiente desintegra a los desalmados y les hace pretender un arrepentimiento que ya les resulta tardío. El espectro infernal se llena de los siete pecados capitales, de forma tan burda que los abominados tratan de recordar oraciones a las que la misma pesadumbre y hostigamiento no les permite llegar. En un par de miles de años de esa gestión, sorprendió a la cúpula del Mal que la mayoría de condenados se tomara a broma toda la pesadumbre que al...

Arenga

La tribu ácida de los dulces encantos se descontentará si ocupás la punta de tu lengua donde a ella no la implique. Te señalará y tratará de traidor, de canalla. Vendrá en malón, buscando hacerte triste y presa para su nido. Buscará acapararte bajo sus alas de plomo. Te asegurará eterna y verdadera compañía. Vendará tus manos entre sí con áspera seda; te dará media satisfacción, la comodidad de un moderado placer, de la quietud, del descanso.  No hagas caso, no temas. El largo y amargo camino recorrido está en su recta final. La recompensa será abundante y el olvido se hará lluvia en las mentes livianas que hoy hacen pesar tu espalda de culpa. __ 13/12/12

Verdad del prólogo.

Abro el libro con ansias, paso rápidamente las páginas de presentación; dedicatorias, datos de impresión; pago de depósitos. Y encuentro una barrera moral: el prólogo. Aparece entre el libro y yo como un abogado de la corrección literaria. Ante él, ello y superyo se agarran de los pelos y yo, noqueado tras ese conflicto, asisto como al examen de ingreso de la facultad. Por una cuestión protocolar siempre hago el intento de empezar el libro leyéndolo. Y casi siempre también, llegando al tercer párrado huyo hasta el próximo título. El prólogo siempre es impertinente, siempre se llena de habladurías sin sentido, de anticipos que apagan la sorpresa, de obvias alabanzas al autor. No entusiasma; es pro [ante] logo [palabra], palabras antes de la palabra. Quiere asegurarse de encuadrarme en determinada forma, de ambientarme con ciertas imagenes, de acomodarme a ciertas palabras, de poner ketchup donde quizás yo hubiera puesto mayonesa. Funciona como guía turístico en un viaje que yo pr...

Genios de la calle

Rogelio volvía de su trabajo a las 9. La noche estaba fresca pero bastante pesada, parecía anticipar mucha lluvia. Esperaba el colectivo en la esquina de Independencia y Juan B Justo. Un auto descapotable lo hizo voltear la mirada, y cuando volvió a su posición normal el colectivo pasaba frente a sus narices… No se mosqueó, siguió esperando. Un hombre de aspecto un tanto extraño se le puso al costado, le pidió fuego. Prendió uno de los fósforos y sin encender ningún cigarrillo esperó a que se consumiera completamente.

La permanente

Los chicos en el barrio no la conocían por su nombre, era simplemente 'la gorda'. Iba religiosamente, cada mes a la peluquería. Su problema de aumento de peso era de una prosperidad inuscitada. En el último agosto fue y se sentó en el asiento de corte con cierto esfuerzo: Sólo después de menearse un poco entre los apoyabrazos pudo acomodarse. Preparada para pasar, como era costumbre, algunas horas de charla y cotilleo, pidió hacerse la permanente.

Fugitivo.

No me dice nada. O tal vez sí, y sea algo que no llego a escuchar. Se manifiesta como una voluntad, pero frente al papel vacío, como un vacío. -Así seguirá, me digo.

Peluca

En los bares de calle San Martín y caminando por esa peatonal, solía verse a un señor entrado en edad, siempre vestido con ropa clásica y lentes. Pero sobre todo rasgo, lo distinguía su notable peluquín de vivo color castaño. Si usted pregunta, nadie en Santa Fe lo conoce; aún así, todos lo reconocen. Repentinamente y frente a un bar lleno de viejos, hoy me acordé de él: hace al menos dos años que no se lo vé por sus lugares habituales. "Habrá muerto el pobre" pensé. Uno de los viejitos pelados, como leyéndome la mente, sonrió con picardía.

Acquamarina

Quién iba a decir, marplatense querida, que ibas a ser tan importante. Pasaron las cosas más grosas, pasaron las giladas... todo pasa y vos seguís siempre ahí, indeleble. Cuando te conocí y decidí estar con vos eras para mí una más del montón, solamente una forma de hacer las cosas más fáciles. Después, con el tiempo juntos, me encariñé cada vez más. Te mimé mucho, te hice muchos regalos, te ayudé a cambiar las cosas que te hacían andar mal. Tenemos que aceptar que te dejé más linda de lo que te encontré, aunque nunca pediste demasiado con tal de que sigamos adelante.

Diseño del destino.

Con el bolso entre las piernas, miraba a la gente rondar por la plataforma. El vendedor de revistas, el de gaseosas, el de sanguches, todos colaboraban al bullicio del ambiente, y éste colaboraba al gran bullicio de mi cabeza. Sólo faltaba que enganchasen la máquina para que pudiéramos abordar los asientos. Trataba de negociar con mi convencimiento, estableciendo las ganancias y las pérdidas, las oportunidades y las claudicaciones que me daba esta partida. Trataba de hilvanar las causas y pretender que sean justas, para someterme. Mi cabeza iba sin pensarlo, mirando cada vez más abajo. Algo de repente me hizo levantar la mirada. Me congelé ante lo que veía. Se detuvieron todos los pensamientos, toda la coherencia, toda la razón: Era ella preparando una sonrisa, y venía caminando hacia mí. -¡Viniste a despedirme! no te esperaba, qué sorpresa.- Y me apuré a abrazarla. -No vine a despedirte.- Me susurró cuando su boca estuvo en el lugar exacto.

Manual del dominguero

Placeres del nuevo rico presenta... "Sacar a pasear al auto por la costanera" LA ACTIVIDAD   1- Se ejercerá en lugares de mucha concurrencia: paseos ribereños, centros de convenciones o espectáculos gratuitos.   2- En ejercicio del domingueo, se dispondrá la marcha 1era como tope de velocidad. ACTITUD PROPIA   3- No desespere ante la congestión, y aunque nada le obstruya el camino, mantenga la máxima de 14kms/h. En caso que algún otro vehículo le hiciere señas de luces o de dedos, no se sienta aludido y entienda que evidentemente, se trata de alguien que no comprende la gloriosa cultura dominguera.   4- La marcha entre los vehículos será lenta e inconstante. Festeje la felíz congregación de la legión dominguera aceptando un mate cebado por su esposa (amante, novia, o simil) y/o prestándole el volante al perro que lleva en su falda.   5- Verá a su paso a sus colegas en su misma misión: No tiene nada que decirles, ni ellos a usted. No les comunique...

Monedas

Se dice que en realidad, las monedas nunca llegaron a la fuente. Cuando las personas se daban vuelta para tirarlas por detrás del hombro, hombrecillos pequeños aparecían. Para no hacer oír su andar iban vestidos con ropas ajustadas, con unas pantuflas muy acolchonadas y guantes de cuero blanco. La agilidad de esta etnia era tanta como su codicia.