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Microhistorias dicotómicas y su desempate.

Anexos del trocha media ferroturismo (enero 2009) Artista imperceptible de la tristeza perceptible. Tiene doce años y un hermano bebé. Pasa frío si hace frío, y calor si hace calor. Camina despacio y descalza las estaciones y los trenes de la línea C, porque no tiene zapatillas. Su pelo teñido y cansado de ver a sus brazos cargar al hermanito, que está creciendo violentamente. Ella pasa de vagón en vagón. Les habla a los pasajeros con la mirada fija en el piso. Su pregón es casi tan triste como la expresión de su cara. Ella quizás no esté tan triste todo el tiempo, como su cara lo sugiere; pero sabe que la gente que se compadece de las sonrisas es mucha menos que la que siente lástima de las tristezas ajenas. Por eso lleva sus días llenos de un espectáculo infame; llena su vida de caras largas, de ojos lastimosos y tristezas obligadas. Regala una expresión triste, y recibe a cambio más expresiones tristes de aquellos que piadosos le dan unas monedas, y de los que impotente...

Sublimando en el bondi.

(llamado también 'constantes nostálgicos del fín de semana') La evolución tecnológico-electrónica dirigida al uso personal, que hoy por hoy acusa un nuevo artefacto cada día, mejora y acompleja la vida cotidiana de sus usuarios y el entorno de la vida de todos en general. Tanto es así, que en la observación que proponemos, combinaremos un artefacto moderno, devenido del winco, walkman, discman, y otro muy anterior nacido en la mezcla de la carreta, el coche y el tranvía. ¿Ha visto lo común que se hace hoy, al subir al colectivo, encontrar personas con auriculares conectados a su reproductor de música portátil? Más aún, apostamos que no ha podido pasar por alto a quienes escuchan su música SIN auriculares, y por lo tanto con sus potentes parlantecitos vibrando inescrupulosamente en todo el ala trasera de la unidad de transporte. Esta situación -que produce reacciones parecidas cuando nos circunda alguien con auriculares a un volumen tan intenso se nos pega el ritmo de los güiros...

La juventud perdida.

Caminando Mar del Plata, buscando carteles y ofreciéndome en posibles lugares. Casi siempre acompañado gratamente por Noelia, bendición y fundamento de esta ubicación y esta búsqueda. El caminar era diario, y el camino marcado por los clasificados, las arterias comerciales o de grandes empresas que me pudieran contratar. Al principio, encaré este desafío –sin saber qué pesado sería– con fuerza y entusiasmo, positiva y alegremente, creyendo el objetivo cercano. Al par de semanas, ya se notaba la ausencia de resultados, cosa que incidía correspondientemente en cada próxima búsqueda, en el estado de ánimo y a veces hasta en la relación con Noe. Muchísimas veces, durante este proceso y seguramente para evadir la situación más próxima, me invité a pensamientos profundos: Uno, el que busca trabajo, ya está etiquetado como necesitado, desahuciado, pobrecito . A la vez, tiene que considerar todos los factores para lograr enamorar a un empleador y así conseguir lo que ya se convierte en un sueñ...

Paradoja de la estatua vivente

Antes que nada explicaremos, para los extraterrestres o los enfrascados, en qué consiste el fenómeno estatua vivente: Habría que aclarar que no se trata de un fenómeno paranormal, sino de una actividad artística. Dicho arte consiste en la elección de un disfraz, maquillaje, y posición para permanecer, y una quietud que alcance para aparentar ser de metal, mármol o yeso, en imitación de una estatua. Como todo arte, ésta termina su razón de ser en el público, que como este fenómeno se desarrolla mayormente en las calles peatonales, siempre es un peatón. El encuentro del observador hacia la estatua es normalmente casual, y la apreciación al desempeño del artista baja o sube según el atractivo de su apariencia, el realismo que sugiera, o la posición que haya adoptado, lógicamente, para llamar al público. Así, el éxito y aprobación de lo expuesto se mide en la colaboración que obtenga por parte de la gente: el transeúnte simpático deja una moneda en un recipiente dispuesto a tal fin, y a...

General Deheza: Preludio

14 al 16 de junio de 2008 Preludio: El comienzo de este viaje es quizás lo más venturoso de todo el recorrido: Habíamos coordinado pasar un fin de semana en General Deheza, de visita a las tipas conjunto a los muchachos d el club de tipo . Los chicos de Avellaneda saldrían en el Ferrocentral hasta Villa María, mientras yo iría hasta el mismo lugar, pero en ómnibus por carecer del servicio sobre rieles hasta allá.

Encarnación de Ricardo Gutiérrez

[Anexo de el viaje a General Deheza .] Él mismo no sabía dónde estaba, ni qué hacía, pero desde algún lado miraba ésta situación, que después iría yo a saber: Eran las 1:20am del sábado 14 de junio, y bajo las luces amarillas de la estación de ómnibus de Villa María se veía como un completo desconocido se bajaba de un colectivo. Después entró al predio algo desconcertado y se paseó por algunas boleterías, evidentemente, sin encontrar lo que buscaba. Con gesto de resignación se sentó a tomar un café en el bar, junto a una mesa ocupada. Lindante unas mesas estaba sentado Héctor Calderón; persona con varios cumpleaños festejados, lungo, de cabellera enrulada y gris, la piel curtida por el sol y arrugada por el tiempo, lugareño y habitué del bar de la estación en esas noches de sábado. Una venda le rodeaba la cabeza y algunas gasas le tapaban partes de la cara, justo debajo del fresco raspón que mostraba en la frente. Su vecino de mesa lo vió mientras esperaba el café y...

General Deheza: el pueblo

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Segmento 2: Efímero dehenze Seguramente el chofer del colectivo T.A. Villa María, que me llevó a General Román Antonio Deheza me miró extrañado cuando le pregunté cuántas paradas faltaban para llegar al pueblo. En fín, al llegar supe que de todas las veces que bajé de un micro, ésta fue la que más frío hacía. De todas formas llegué rápido (previa instrucción telefónica) hasta la casa de Alda, donde nos conocimos tridimensionalmente con las tipas y procedimos a un natural y calientito café batido. Junto con el Sol salimos a caminar las calles; pasamos por la plaza, la iglesia, la plazoleta con el monumento al riel, etcétera. A la tarde cruzamos la ruta nacional 158 (calle Buenos Aires) y llegamos a la ciclovía que comunica General Deheza con General Cabrera, que corre paralela a las vías del Ferrocarril Mitre.