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Combinaciones a El Taller.

Otro gallo le cantara... El tren nocturno la llevaba por caminos inéditos. Tras la ventanilla, sólo existía la cubierta negra de la noche. El paisaje era cambiado de tal forma por la oscuridad, que no parecía el mismo recorrido hecho en la ida. Ella, sentada en una butaca verde, se suspendía entre la propia imaginación y una lectura casual, que leía con distracción: saber lo que dejó allá, era una incógnita eterna. Le parecía que el olor de la maleza alejándose la acompañaría para siempre, y cada vez con más presencia. Acercó su mirada al vidrio, y hacia arriba vio la única luz en la plena noche... En ese momento estaba rodeada de azul, sin darse cuenta el tren y la luna, todo azul. Al detenerse en una estación pequeña volvió a sentir el signo latiendo, demasiado fuerte como para quedarse. Las miradas ya estaban anaranjadas de sol naciente. Cerró el libro y lo puso en su bolso, que cruzó en bandolera antes de dejar la butaca verde, y luego el tren. Afuera, ca...

Tres de Mayo

I Yacen las hojas verdosas sostenidas en las ramas cual Cristo en la cruz, sin armas siguen despiertas las rosas soportando la agonía. Esperan la sepultura que marque el dichoso acento que corta pero no achura tallos que sin movimiento lamentan su día tras día. II Fiel contacto con el suelo marzo debía brindarles más la ausencia hizo cantarles, sin bridarles un consuelo dejó el Sol que les ardía. Llegó abril sin noticia, desbordado en la malicia del calor que a esas hojas, despierta la paradoja: y mata dejándolas vivas. III Abril carente de nieblas priva el recuerdo en tinieblas. Y el otoño que no viene; dónde está, quién lo retiene, dispara aquellas preguntas. Sudorosas mangas cortas dificultan su memoria y nebulosa su historia en la mirada que absorta se angustia desde la punta. IV El amarillo, empujado pasó al fín, apresurado desde el Sol hacia las hojas. Alguna lluvia las moja apagando su crujido aunque no tengan sonido las sigue solpando el viento que en valeroso momento las...

Cómo una mujer se convierte en libro

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Mediante esa excelente capacidad que posee el ser humano, de relacionar quizás ilimitadamente las cosas mediante pensamientos, razonamientos y memoria, se permiten en el mundo conceptual traslaciones y movimientos a veces inimaginables. Sin embargo teniendo en cuenta lo accesible de este poder, debe tratarse con mucha cautela ya que de usarse esta capacidad irresponsablemente, tiene fines desastrosos. Uno de estos, y el que vamos a desarrollar en esta oportunidad, es el caso de las mujeres que se han convertido en libro. Por suerte la mayoría de ellas nunca se enteraron, pero el convertidor ha de sufrir este suceso como propio. Un libro según la concepción común, es la encuadernación de una obra escrita con la extensión suficiente para conformar un volumen. Desde este concepto básico es difícil sospechar que una mujer pudiera convertirse en un volumen encuadernado. Pese a ello, afirmamos efusivamente la existencia recurrente de dicha alteración. Una mujer es convertida en libro si...

Pérdidas en el tren II

Creo que los suspiros iban perdiendo fuerza, entre el paso del tiempo y la sucesión de algunos desencuentros. La volví a ver cuando creí que ya no volvería a verla, exactamente un año después de haberla despedido. Ella llevaba en el rostro el encanto de siempre, tal vez un poquito más. Su sonrisa me abrumaba, me bloqueaba toda conciencia más allá de su belleza y la ternura de su mirada. Caminamos hasta parque Lezama mientras nos contábamos cosas de nuestras vidas en este año que había pasado. Allá tomamos tereré, porque el clima nos prestaba más calor que frío. Cuando empezó a caer el Sol, volvimos a Constitución para tomar el tren al Sur: el mismo tren que hacía un año la había llevado, pensé. Esta vez me devolvía aquella presencia, pero no sabía si era una revancha o un redoble. Sacamos boleto; yo ida y vuelta, ella solamente ida. Andando, debo reconocer lo excesivamente largo que me fue ese viaje. En un segundo de coraje me jugué y quise volver a abrazarla, pero me rechazó rápid...

Turismo Ferrofílico por BsAs, marzo 2008. Parte 2

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Episodio 2: De La Plata a Villa Rosa. Al otro día teníamos programado encontrarnos con Seri a las 11am en estación Constitución. Me levanté temprano y caminé por San Telmo en busca de un bar para desayunar. Tras algunas vueltas volví a Parque Lezama y en la esquina de enfrente me recibió el Bar Británico con un cortado y dos medialunas. En eso se hizo la hora y salí a la reunión con Seri en lo que sería, por el acceso Lima Este, mi entrada a la gran estación Plaza de la Constitución. ¡Qué! inauditos los ojos que miraban el hall de la estación más grande del país, disparados con el entusiasmo de quien quiere mirar todo a la vez. Caminé hasta la altura de las boleterías, para después volver a la plataforma 14, donde habíamos acordado encontrarnos. Allí mismo y sin discutirlo decidimos tomar el diésel a La Plata, y minutos después ya íbamos tirados por la G22 A712 y sentados en los asientos de coche turista de cuerina bordó con respaldo rebatible, en un tren medio vacío a la capital...

Turismo Ferrofílico por BsAs, Marzo 2008. Parte 3

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Episodio 3: De Montserrat a Cañuelas El lunes cerca del mediodía nos encontraríamos con lagos, en Retiro. Me levanté cerca de las 8am y me bañé antes de hacer el check-out en el hotel. Así, con todo el equipaje ensima (una mochilita) iba en el domingo matutino sin apuro por Avenida Caseros y con rumbo a Parque Lezama. Después iría por Av Paseo Colón, pero no demoré mucho en llegar hasta Moreau de Justo, en la orilla del magnético Puerto Madero. Caminé por ahí hasta crucé la calle para pasarle cerca al tranvía del Este y tal vez tomarle unas fotos, después (el destino sabrá por qué) doblé, justo en calle Chile. En la esquina de Chile y Azopardo estaban los Federales, -después deduciría- como buscando una víctima. Me vieron y me pidieron colaborar con mi sola presencia, para una apertura de bolsas que no tomaría más de quince minutos. Así es que estuve desde las 11 a las 13 en el laboratorio de la Policía Federal, viendo cómo abrían bolsitas de contenido blanco y verde, y sin pod...

Turismo Ferrofílico por BsAs, marzo 2008. Parte 1

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Episodio 1: De San Telmo a Puerto de frutos. El Sol de aquel sábado subía por el Este, y me caía en los ojos mientras yo bajaba los escalones de un ómnibus en la Terminal de Retiro. Ni bien sentí el fresco que hacía me puse el bucito. No tenía ningún apuro, pero estaba bien ansioso... como si intuyera la de momentos felices que iba a pasar en los siguientes tres días. Después de un rato salimos para San Telmo, a dejar las cosas en el hotel. La habitación me ofrecía un equilibrio perfecto entre lujo y comodidad; sin ese excesivo lujo que incomoda para no romper, ni marcar, ni ensuciar nada. En ese lugar cómodo, como en casa. El aire de San Telmo es especial... allá las calles son angostas, las veredas niveladas, los edificios ordenadamente parejos: todos de dos o tres pisos, con fachadas coquetamente trabajadas, mostrando estéticas arquitectónicas coloniales y europeas del siglo XIX. Los comercios son elegantes, alcanzan a distinguirse perfectamente, pero sin llamar demasi...