Es la paciencia de esperar la lluvia, y sobre eso hacer tan grande su meditación, su pensamiento, que perdía la atención de lo que pasaba en la vereda... obviamente estaría muy concentrada en saber lo que pasaba en el cielo.
Y el transeúnte que pasó, algo agobiado por la humedad del ambiente, la vió y [quizás] en ese momento puso los ojos en la misma expresión con los que ella miraba el cielo. Pero siguió; si esos ojos que se perdían en el cielo, miraban con ansias algo que él nunca podría ofrecerle.
Ella esperaba la lluvia, y sabía que en algún momento la iba a poder alcanzar. En cambio él sabía que por mucho que esperara, no iba a llegar a la ventana.
Rogelio volvía de su trabajo a las 9. La noche estaba fresca pero bastante pesada, parecía anticipar mucha lluvia. Esperaba el colectivo en la esquina de Independencia y Juan B Justo. Un auto descapotable lo hizo voltear la mirada, y cuando volvió a su posición normal el colectivo pasaba frente a sus narices… No se mosqueó, siguió esperando. Un hombre de aspecto un tanto extraño se le puso al costado, le pidió fuego. Prendió uno de los fósforos y sin encender ningún cigarrillo esperó a que se consumiera completamente.
I: TREINTA Y CINCO PESOS Treinta y cinco pesos me salió el tablero de dibujo para cursar Representación de Sistemas. Había estado averiguando precios de los nuevos, y de alguna forma llegué a consultarle al Gringo, Alejandro Castellanos. Corría el año 2005. No hacía tanto el gringo era bajista de Funky Monks, banda a la cual yo seguía como si realmente fuesen los Red Hot Chili Peppers. Y qué bueno que haya sido así, porque haber conocido al gringo y al ruso, -sobre todo al ruso, al que ya me referiré en otros pasajes- me contribuyeron en la vida de una manera extraordinaria. No recuerdo con detalle cómo fue que le pregunté al Gringo si sabía de alguien que vendiera un tablero de dibujo. En ese entonces no había redes sociales ni smartphones. La gente se visitaba en sus casas a veces sin aviso, y si querías comprar algo usado preguntabas entre conocidos, buscabas en los clasificados del diario, o en pegatinas en los negocios. Dio la casualidad que Alejandro tenía su tablero de dibuj...
La fuga. Episodio 2 Soñé que me levantaba de la cama pisando sobre nubes. La casa petrificada y muy en silencio. Yo era la única cosa viva en ese ambiente. Tras recorrer el pequeño pasillo que va desde mi habitación hasta el depósito que había en la esquiba, la ví: Apoyada contra el borde de una mesa, reluciente, impecable, mi bicicleta nueva esperando a que me subiera. Extrañamente es marca Vairo, y la que yo pienso comprar es Zenith. Ahí recuerdo que el sueño anterior a éste tenía imágenes de hospitales, de una doctora encantadora a la que le hacía chistes sobre mi nariz, de mis padres al borde de la cama. Justo cuando empezaba a parecer una pesadilla, los estímulos afuera hicieron derrumbar la sensación onírica. Esto no es un sueño. La imagen en el espejo, de ese Ismael con la boca hinchada, la nariz cosida, con el codo y la rodilla derechos lastimados, la pera y la frente magulladas, son la pura realidad. Algo pasó. Apenas recuperé del todo la conciencia, mamá em...
Y el transeúnte que pasó, algo agobiado por la humedad del ambiente, la vió y [quizás] en ese momento puso los ojos en la misma expresión con los que ella miraba el cielo. Pero siguió; si esos ojos que se perdían en el cielo, miraban con ansias algo que él nunca podría ofrecerle.
Ella esperaba la lluvia, y sabía que en algún momento la iba a poder alcanzar. En cambio él sabía que por mucho que esperara, no iba a llegar a la ventana.